|
Gregorio Mayans y Siscar nació el 9 de mayo de 1699 en Oliva, Valencia.
Comienza los estudios de
Derecho en Valencia, donde trata a los novatores más destacados: Vicente
Tosca, Corachán o Iñigo, que le facilitan lecturas esenciales en su
formación, como Locke y Descartes.
En 1719 va a Salamanca para continuar sus
estudios. El helenista Manuel Martí, deán alicantino, será su mentor y
guía de lecturas clásicas encauzando su vocación hacia las Humanidades
e inclinándole al estudio del Renacimiento y los
humanistas españoles del XVI.
Ganó la cátedra de
Código Justiniano de
la Universidad
de Valencia, pero sus colegas de la facultad de Derecho le hostigaron
continuamente. Tras un panfleto en latín contra sus detractores, publicó
en 1725
la Oración
en alabanza de las obras de D. Diego Saavedra Fajardo y en 1727
la Oración
en la que exhorta a seguir la verdadera idea de la elocuencia española,
donde critica los excesos barrocos y pondera la sencillez hispana y
ática de los Fray Luises, Vives o el Brocense. Viaja a Madrid en ese
año, donde le acogen con afecto el director de
la Academia Española,
Marqués de Villena y el Bibliotecario Real, Juan de Farreras.
Defendió por entonces la reforma de los
estudios jurídicos en el sentido de disminuir la preponderancia del
derecho romano y aumentar la atención sobre el derecho autóctono
español, nudo de una reforma general de la educación que expondrá más
tarde al ministro Patiño.
Recomendará, por ejemplo, que el latín se enseñe en lengua vulgar
y se funde en el estudio de los autores clásicos y no en el latín
eclesiástico,
En 1730,
Mayans, marchó a Madrid
donde consiguió el cargo de bibliotecario regio. Allí editó en 1732 sus
Epistolarum Libri Sex, que
le abrió las puertas entre los humanistas de
media Europa, y en 1733 su Orador Cristiano. Durante siete años fue
oficial de la
Biblioteca Real.
En
1737 envía
la Carta-Dedicatoria
al ministro Patiño con un ambicioso plan de renovación académica y
cultural de España que ni siquiera recibió respuesta.
En 1740 se retiró a su Oliva natal para dedicarse a sus estudios
e investigaciones, pero siguió sosteniendo una activísima
correspondencia intelectual con eruditos españoles y extranjeros en
latín y en castellano.
En Oliva se casa con una prima, Margarita
Pascual y funda en 1742 la Academia Valenciana
«dedicada a recoger e ilustrar las memorias antiguas y modernas,
pertenecientes a las cosas de España». Su censura de la España Primitiva
de F. Javier de
la Huerta y Vega, «fábula
indecorosa y opuesta a las verdaderas glorias de España», le enemista
con las Academias de
la Historia y de la Lengua. Su edición de
la Censura
de historias fabulosas de Nicolás Antonio enfrentó a la Academia Valenciana
con
la Inquisición. Al llegar
Fernando VI al trono, el ministro Ensenada le rescata del forzado retiro
y, totalmente reivindicado por Carlos III, le nombra Alcalde de Casa y
Corte. Éste le encarga, tras la expulsión de los jesuitas, un nuevo plan
de educación que los rectores universitarios trocearon y arruinaron sin
piedad. Fue socio de
la Real Sociedad
Económica de Amigos del País de Valencia, en la que ingresó en el año
1776. En Oliva y Valencia lo siguen visitando viejos y nuevos
ilustrados: el médico valenciano y filósofo ecléctico Andrés Piquer,
Francisco Pérez Bayer, Muñoz, Cerdá Rico, Cavanilles, Blasco...
Dedicó sus últimos años a preparar la edición de
la Obra Completa de su adorado
Juan Luis Vives, pero le sorprendió la muerte en 1781.
|